Un traje de Gieves & Hawkes

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El escaparate de Gieves & Hawkes no es particularmente representativo de Savile Row. A menudo sucede que los mejores sastres se encuentran en establecimientos minúsculos, a veces incluso en sótanos. No sucede así en Gieves & Hawkes, sitio en el número 1 de Savile Row. El local que ahora ocupa albergó en su día el cuartel general de la Royal Geographical Society. El cliente nuevo de Gieves & Hawkes será conducido a la planta superior, a la sala Adam. Allí, en una atmósfera más distendida, se sentarán las bases de una relación de confianza entre cliente y cortador que posiblemente abarque varias décadas. Mientras el cliente habla de sí mismo y sus costumbres y expresa sus deseos en lo tocante a cortes y telas, el sastre se forma una imagen del cliente a partir de lo que ve y oye y en función de esa imagen define los rasgos del traje deseado.

Los cortadores más experimentados saben en apenas unos minutos lo que desea el cliente, antes incluso de que éste lo sepa.

Gieves & HawkesUna vez se ha decidido el corte del traje y todos sus detalles, el cliente elige de la mano del sastre una tela. El cortador procura siempre conducir de forma sutil al cliente en la dirección que él cree oportuna. El cliente hará bien si acepta sus consejos, casi siempre bien fundados.
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A la hora de tomar las medidas, Peter Smith anota también las particularidades físicas con un código discreto. DRS significa dropped right shoulder, es decir, hombro derecho más bajo. FS es la abreviación de forward stomach o vientre prominente, y BL 1, 2 o 3 significa bowed legs to the first, second or third degree, es decir, piernas arqueadas de primero, segundo o tercer grado.

Gieves & HawkesEl cliente, que se siente maltratado por las prendas de confección, siente por vez primera en casa de este sastre que no tiene que disculparse por la imperfección de su cuerpo ni ser castigado a causa de ello con un traje que le sienta mal. Tanto si tiene tripita como si es de posaderas escurridas, los pantalones le quedarán perfectos.
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Solo para los pantalones ya es necesario tomar cinco medidas como mínimo. Todo se produce con una reserva y una neutralidad acordes a lo embarazoso de la situación y similares a la actitud que toman los médicos al examinar zonas íntimas.

Gieves & HawkesNo es en absoluto casualidad que se decida primero el corte del traje y luego se tomen las medidas. Después de todo, el cortador tiene que saber a qué altura de la cadera llegarán los pantalones. Si el cliente desea unos pantalones tradicionales para llevarlos con tirantes, la longitud de la pernera será en consecuencia mayor que si se tratase de un pantalón que sólo llegase a la cadera.
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Una vez en posesión de las medidas, el cortador Peter O'Neil dibuja sobre papel de estraza el corte de la chaqueta, el pantalón y el chaleco. Lo hace ayudado de un complejo sistema de cálculo y de la experiencia alcanzada con el paso de los años. A partir de este patrón se construirá el traje.
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Cada una de las piezas del traje es cortada y dispuesta sobre la tela como una plantilla.
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A continuación, el cortador dibuja el contorno de la plantilla sobre la tela con un jaboncillo de sastre.



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Esto debe hacerse de tal modo que, una vez cosido el traje, el motivo de la tela case perfectamente a ambos lados de la costura.
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Las piezas se cortan con una tijera; a mano, por supuesto. Éste, al igual que la toma de medidas, es un momento importante en el proceso de creación de un traje a medida. El corte ya establecido tendrá ahora que pulirse tras una primera prueba.

Gieves & HawkesEl hilvanado de las diferentes piezas de la chaqueta, pantalones y chaleco es tarea de sastres especialistas en estas prendas. Unen las piezas para las primeras pruebas con unas cuantas puntadas de hilo blanco de algodón.
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La primera prueba podría llevarse a cabo en teoría pasados un par de días. Sin embargo, los sastres de fama como Gieves & Hawkes acostumbran a tener largas listas de espera, con lo que a menudo pasan varias semanas hasta tener hora para la primera prueba.


Gieves & HawkesEn la primera prueba, el cliente ve por vez primera la tela elegida en forma de traje. Es un momento emocionante, puesto que hasta entonces el traje sólo existía en la imaginación del cliente y el cortador. En esta fase, el traje aún puede ser modificado en cualquiera de sus aspectos.
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El traje ahora es desmembrado de nuevo y vuelto a los diferentes sastres; por ejemplo, al especialista en trajes Albert Nelson, en la imagen. Ellos crearán una segunda versión del traje e introducirán las modificaciones acordadas tras la primera prueba.

Gieves & HawkesPara darle forma al traje, se le cosen a mano con incontables puntadas entretelas de algodón, fieltro o crin. En chaquetas de acabado industrial, la entretela se fija con cola, con lo que el proceso se acelera drásticamente; ahora bien, el resultado no puede compararse con el trabajo manual de un sastre.
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Durante el cosido, el sastre trata constantemente la tela con la plancha. Así, primero la humedece y a continuación le da forma con la plancha caliente. El planchado y las entretelas le dan al traje su forma tridimensional. La crin elástica permite delimitar formas redondeadas de manera permanente en la tela, por ejemplo en el pecho o las solapas.

Gieves & HawkesEn la época victoriana, según se dice, un sastre precisaba hasta doce pruebas antes de que el traje estuviese acabado. Hoy, ni cliente ni sastre disponen de tanto tiempo. En esta época, tres pruebas tienen que bastar para dar por finalizado un traje. Esto sólo es válido para la primera vez, más adelante suele ser suficiente con una.
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Tras la toma de medidas y el corte de la tela, el cosido de los ojales señala un nuevo paso decisivo. Sólo cuando el traje queda a satisfacción del cliente se le añaden los ojales. Este paso requiere de nuevo gran cantidad de trabajo. Pasarán varias horas antes de que todos hayan sido cosidos con hilo de seda.

Gieves & HawkesEl último en echar mano del traje es el planchador. Él será quien le dé al traje su forma definitiva con la plancha. Nadie exepto un planchador debería plancharlo de ahora en adelante, cuando esté muy arrugado o precise ser lavado en la tintorería.
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Una vez el traje ha sido bien planchado, el cliente puede acudir a  la anhelada última prueba. Si el traje le parece bien y, por decirlo así, "se lo queda", la tarea ha concluido al fin. Tras varias semanas e incluso meses, el cliente puede ya irse a casa vestido con su nuevo traje.


Gieves & HawkesSi en público se nota que el traje es nuevo, es que el sastre no ha hecho un buen trabajo; así lo afirman en Anderson & Sheppard, otra institución legendaria en Savile Row. Con ello se quiere decir que el traje tiene que ser como una segunda piel para la persona que lo lleva.